TE LLAMARÁS PROGRESO | MÁS QUE FÚTBOL

La sede vieja de Progreso, que estaba ubicada en Carlos Ma. Ramírez y Camambú, tenía un billar que solía ser la cama de un niño que fue creciendo junto al club. Allí, son los primeros recuerdos de Carlitos Pavón, quien tuvo primero su carné de socio antes que partida de nacimiento. Su padre fue, desde intendente de cancha a dirigente, y no solo le transmitió su pasión sino que también homenajeó al club de sus amores con su hijo, no es casualidad que su nombre completo sea Carlos Alberto Pavón. De ahí que Carlitos no solo comparta las iniciales con el Club Atlético Progreso; ha compartido su vida.
Su familia estaba vinculada a Progreso, su tío abuelo fue presidente y su tía, la socia número uno. Los domingos en el almuerzo era el tema que articulaba la charla de sobremesa por ahí desfilaban tópicos como el cambio de sede o el alambrado del estadio.

Se crió en un vestuario y a lo largo de su vida pasó por varios puestos y funciones dentro de la Institución, fue jugador en juveniles, directivo, cobrador, utilero, entre otros. El orgullo más grande es recordar que cuando era utilero, en formativas, conoció a muchos chiquilines que luego vio debutar en primera y terminaron siendo glorias en el club. El darles esa camiseta es lo más grande que hay, no deja de emocionarse con ejemplos como el Cabeza Lombardi, a quien le dio una camiseta a los 13 y el orgullo que sintió cuando lo volvió a hacer en primera división. O el caso de Asconeguy a quien recibió con una camiseta en quinta división y años después le entregó la 200 por los partidos disputados en primera. En cada historia de cancha rememora al Pato, no sólo como compañero de trabajo, principalmente como cómplice de nostalgias y llantos.
Su vocación de hincha lo llevaba a realizar tareas que no correspondían a su función pero era otra forma de colaborar con la institución y con los gurises. Entre esos actos estaba el de utilizar su vehículo personal para ir a buscar a algunos juveniles y llevarlos al entrenamiento.
Atesora en su memoria la compra de la actual sede de Progreso por los años 75-76, que se materializó con dinero obtenido de la venta del viejo local y con donaciones de aficionados. La esencia del Gaucho es social, el club nace de los trabajadores. La política partidaria era circunstancial, siempre se destacó lo comunitario, barrial, el tablado, el comedor, los bailes y el fútbol siempre estaba presente.
Los 80 fue la mejor época de Progreso en todo sentido. En lo social, la Teja tenía una movida importante, incluso la Reina de la Teja le cantaba al “corazón aurirrojo”. En infraestructura se hicieron las tribunas en el Paladino. En lo deportivo, se compitió en primera logrando una continuidad en la divisional, obteniendo el campeonato uruguayo y por si fuera poco, se participó en dos Libertadores. Esa etapa la recuerda con mucha alegría, no solo por momentos personales como fue conocer a Gaby, sino también porque esa década terminó con la caravana de festejo del título ya mencionado.
Gabriela es su compañera de vida y se acopló a las actividades de Carlos, que eran las actividades del club. Sus rutinas se armaban en función a Progreso, sobre todo los fines de semana. Sus hijos se criaron en la cancha, los cuidaban los hinchas, dormían en la mesa de billar cuando había tablado en el club y uno de ellos dio sus primeros pasos en el Paladino.
Anécdotas, un montón, desde jugadores a cuerpo técnico, encubrir a algún jugador cuando no llegaba en condiciones, personas que curaban con Reiki en el vestuario, cuerpo técnico que también, a veces, faltaba sin aviso por quedarse encopetinado de más, y hasta de alguno muy morocho de pelo y que los días de lluvia empezaba a desteñir. Sin embargo, no todas son graciosas, es inevitable mencionar épocas de decadencia en la que diferentes categorías debían pasarse camisetas y medias luego de jugar.
En la charla muchos nombres se reiteraron como gente importante para el club, personas conocidas para los simpatizantes y otras que en algunos casos han pasado desapercibidas en la historia de Progreso. Entre ellos tenemos a Eduardo Karaoghlanian, Carlos Valverde, Juan Rotondo, Luis Ramírez, el Pistola y Agustín Montemuiño.
Progreso es un club de barrio, y muchos de estos personajes nombrados son ídolos invisibles. Mientras que hay otros que la hinchada los ve como ídolos sin conocer realmente la interna, como personas, en los vestuarios, en el mano a mano, en el día a día. Hay hechos que se conocen desde adentro y que no se visualizan en la cancha. Carlitos Pavón siempre estuvo vinculado a Progreso a pesar de las malas directivas. Su lema es: “las instituciones son una cosa, las personas son otras”. Por eso, pese a los malos momentos y disfrutando de los buenos se puede ver a la familia Pavón en cada partido entreverados con el resto de los hinchas.

LA HERENCIA MÁS DELICIOSA | MÁS QUE FÚTBOL

Desde pequeña, la mamá sacaba a Stella de la escuela 170 y se la dejaba a su padre, que pertenecía a la barra del Rojo Vivo, para que lo acompañara a la práctica del Gaucho. De ahí que el Paladino sea su lugar en el mundo y Progreso forme parte de su vida. Ese era el rito, todas las tardes iba a ver las prácticas. Su papá nunca la quiso llevar a los partidos porque generalmente se armaba alguna trifulca.

Un día, con solo 13 años y un dinero que cobró por cuidar a su sobrino, partió rumbo a la cancha de Danubio. No tenía ni idea de cómo llegar, pero afortunadamente, en la parada, se encontró con otro hincha, “El Toto” y con él se fue a Jardines. Cuando apareció en la tribuna, donde antes estaba la palmera, el padre la vio, y pese a todos los pronósticos, en vez de enojarse, desbordaba alegría. Si bien su padre ya no está, sus hechos aún generan anécdotas. Cuando era chica, en un partido contra Basañez en el Paladino, su hermano tuvo que ir a separar a “El loco Giordano” que estaba en pleno ring de boxeo con el golero de Basañez, un tal Valerio. Al llegar a su casa y levantarse la camiseta, tenía todos los tapones marcados en el pecho. Sin embargo, al meter la mano en su bolsillo, con orgullo sacó los dientes postizos del arquero. En esa semana se los devolvió a través de un vecino de La Teja que jugaba en Basañez. Esta historia resurgió hace unos años cuando Rodrigo, el hijo mayor de Stella, salió en parodistas. Charlando con el padre de un compañero, al enterarse que era de Progreso, le comentó que él había jugado en Basañez, y que una vez un veterano se agarró a piñas con el golero y le sacó los dientes. Entre risas Stella le confesó quién era ese veterano. Tiene tres hijos y aunque los apoya cuando gritan por Uruguay, nada la conmueve como su querido Gaucho. Todos son hinchas de Progreso y cuando tocaba jugar en el interior, no siempre había dinero para que los cuatro viajaran. O iba Stella o los chiquilines. Muchas veces algún adulto se hacía cargo de ellos en esos viajes, por ejemplo la familia Carbajal.

Cuando se pierde, a Santi se le escapa algún comentario como “ni una alegría nos dan, no podemos ganar un partido”. Recuerda cuando estudiaban los sábados, para justificar la falta les hacía cartas y de esa manera podían ir a los encuentros sin mayores remordimientos. La más distendida es Milena, la hija más chica, que si tiene que trabajar o quedarse durmiendo, lo hace. Pero para su madre no ir a un partido significa amargarse toda la semana. Parte de su familia es hincha de otro cuadro, sin embargo son socios de Progreso, sobre todo para llevar a sus hijos chicos y hacer de esa salida un encuentro familiar porque el aurirrojo es una gran familia. Los partidos son la columna vertebral de la dinámica hogareña. La barra joven hace la previa en su casa, se arma la colecta de todo lo necesario para lograr que cada disputa sea una fiesta. Según el horario se organiza el día, se compra lo que se puede para poner en la parrilla o, si los partidos son temprano, la barra de Stella se convierte en la barra del mate. Así es que preparan la fiesta durante toda la semana. Si hay triunfo todos vuelven contentos. Su sueño es que sus hijos puedan vivir la gloria máxima, como lo fue el campeonato obtenido en el 89. Un día de sol, La Teja esperando el broche de oro que culminó en una caravana céntrica. O como el triunfo del 2001 en el Saroldi, con otra caravana que hasta pasó por la casa de Tabaré en el Prado. Vivencia que no pudo compartir en la cancha con su padre pues su cardiólogo le había prohibido presenciar esos partidos emotivos. Se apena cuando reflexiona sobre la división que han generado las redes sociales entre las distintas franjas etarias, porque esas diferencias de edad son las que enriquecen presencialmente a la hinchada, en la que se ven familias con nenes chiquitos que saben los nombres de todos los jugadores y adultos que no entienden de dónde salió el fanatismo de esos pequeños pero que, sin ser hinchas del cuadro, de todas formas los acompañan y hasta simpatizan con el club. Los malos momentos de la cancha no pasan por el cuadro, pasan por la gente. “Una vez en el Paladino, a la salida, un hincha de Cerro, periodista de radio comunitaria, le pegó una piña a Santiago”. Si bien fue un error y días después hubo un pedido de disculpas, ese día el miedo pasó por lo que podía ocurrir, porque toda la hinchada se iba atrás del de Cerro. Otro recuerdo ingrato fue cuando la policía le disparó una bala de goma a su sobrino con su hija en brazos. A pesar de estas situaciones, las discrepancias y las tristezas de los descensos, el juego sigue, y cada día hay un motivo para programar el próximo encuentro. La esperanza de conseguir un nuevo título sigue intacta aunque la idiosincrasia futbolera hace que se vea muy lejano. Stella no es hincha de ningún jugador, es hincha de su cuadro por encima de todo, más allá de los ídolos de la institución. Para ella el fútbol es Progreso. La Teja genera un sentido de pertenencia que se transmite en la emoción de cada relato y cada charla con sus compañeros, logrando generar simpatizantes al club hasta con sus historias en redes sociales. “La gente termina seducida por el club. Progreso tiene eso. Progreso es la Teja. Hasta los jugadores se van queriendo volver.”

Y esta crónica no podía terminar sin recordar a Nahuel Miranda, quien era como un hijo más por todo el tiempo que pasaba en su casa. Llegar a la cancha y besar la placa que lo homenajea se ha vuelto su tradición. “Nahuel forma parte de la historia del Gaucho, por cómo era en la cancha y en la tribuna”. Santi, su hijo del medio, era uno de sus mejores amigos. Progreso es la herencia más deliciosa que le dejó su padre. Legados que se transmiten de generación en generación y que se estampan en la tribuna con la bandera que los representa, en esa que se lee Strata Giordano.

HOMENAJEANDO LA MEMORIA | MÁS QUE FÚTBOL

Había una vez un niño que soñaba con jugar al fútbol…

Todas las historias de niños y niñas deberían tener un desarrollo y un final feliz. Sin embargo, la vida transcurre con sorpresas no siempre gratas.

A los 5 años, Seba Gaitán comenzó su romance con Progreso. Jugaba en Baby Fútbol.  Solo un año viviendo en la Teja produjo en ese niño un sentimiento inexplicable de apego al  cuadro. Pero, una mudanza hacia Maroñas provocó una separación forzada. “Estuve dos años más viniendo a La Teja hasta que mis viejos no pudieron aguantar  el tema del boleto”. Así que a los 7 años empezó a jugar en Danubio, aunque no duró mucho. Berrinches de por medio el padre sucumbió y, sin que fuera fácil, consiguieron  el pase al Gaucho.

Ya mudado al Cerro pasó a juveniles. En el 2002, mientras jugaba en la sexta, lograron el ascenso a la A. Por aquellas épocas los rivales de turno tenían jugadores que luego serían de renombre como un tal Pelado Cáceres,  Suárez, Cavani.

En cuanto al fútbol fue un buen año para los juveniles. No obstante, ese 2002 le cometió a Gaitán la falta más dura de su vida.

Un domingo de mayo, a las 9 am, en  el Paladino, los juveniles ganaron un nuevo partido, esta vez contra Juventud. Mientras tanto, las familias recaudaban fondos a través de las clásicas cantinas,  que servían para costear gastos de los chiquilines. La nuestra se encontraba debajo del lugar destinado a la prensa. Al finalizar el partido los jugadores se bañaban y se acercaban a la misma en busca de algo comestible para reponer energías. Ese día, la madre de Seba estaba allí. No siempre podía ir a verlo, con dos hijos más chicos, trabajo y la vida diaria, se le dificultaba acompañarlo a las canchas,  pero cuando iba trataba de dar una mano donde se necesitara; ese día fue en la cantina. Lo único que había quedado era una torta frita, la última. “No tenía ganas de comer torta frita y me acuerdo que mamá nos dio plata, estaban mis dos hermanos más chicos, y  fuimos a la panadería, a mitad de cuadra”.  Ese fue el último diálogo con ella. Al regreso su madre estaba desvanecida. Los recuerdos son desprolijos, aleatorios, los padres de los compañeros trataron de protegerlos con comentarios como “No es nada, la trasladan por precaución”. La emergencia se la llevó. Era inimaginable suponer que era la última vez que la vería con vida. Su madre falleció días después.

Qué difícil debe ser, y más para un adolescente, que en un mismo punto se cruce la felicidad de un gol con el dolor de la peor tragedia.

“Fue duro volver”. Se sucedían los recuerdos, las tristezas, las ausencias: el homenaje que se le hizo a la mamá con un minuto de silencio, la frustración de no jugar por no asistir a los entrenamientos, el shock del vacío hogareño. Por suerte también estaban los alivios: el la compañía de las familias, la presencia de sus compañeros,  las tías que invadían la casa con comida y con cuidados.

La vida continuó. No fue fácil volver a la rutina de entrenar. Pese al dolor, se acostumbró a esa falta. Los hermanos y el padre siempre iban a verlo, eso hizo su retorno posible. Sin embargo, cuando cambiaron la tribuna locataria para la actual “Tabaré Vázquez”, en ese momento,  “fue como que me estaban sacando algo”. En el ascenso del 2012, frente a Huracán, él miraba la vieja cantina donde la vio por última vez. Seguro ahí seguía presente orgullosa del triunfo de su hijo.

De todas formas, el Paladino es el punto de encuentro familiar. Si bien el resto de la familia no comparte los colores aurirrojos,  es  parte de sus vidas, sobre todo desde que comenzó a jugar en primera en el Gaucho por el 2007. Sus hijos, a pesar de ser de otro cuadro le reclaman las camisetas de Progreso. La cancha, el estadio, los colores son la historia de sus vidas, y la de su abuela, aunque no la conocieran.

Progreso le dio amigos que aún mantiene; volver al barrio, a la tribuna, es sanador, un homenaje, una manera de mantener la memoria.

Había una vez un niño que soñaba con jugar al fútbol…

Ahora Sebastián Gaitán forma parte de la historia del club. A ese hombre que es hoy, le agradecemos, tanto sus goles, como el orgullo con el que, aún, lleva puesta nuestra camiseta.

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #MCTORQUE vs #PROGRESO | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #PROGRESO vs #CERROLARGO | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

Desde mediados del año 2012 se han disputado con el club Cerro Largo, por el Uruguayo A, 12 partidos donde el » Melense» ganó 9 y los 3 restantes fueron empates. El GAUCHO anotó 6 tantos y el rival 17, siendo Gustavo Alles (P) y Luciano Cosentino (C.L) con 2 goles los máximos anotadores. En el PQUE ABRAHAM PALADINO se jugaron 4 partidos, 1 empate y 3 derrotas. El 19/6/2021 en nuestra casa se finalizó el encuentro con empate en 0, el equipo integrado por Nahuel Suárez, Bryan Bentaberry, Matías Gallardo (sust por Alex Silva Quiroga), Andrés Romero y Martín Marta, Joaquín Gottesman (sust por Christian Paiva), Jonathan Barboza, Gonzalo Andrada (sust por Santiago Arias) y Rodrigo Rojo, Gastón Colman (sust por Nahuel Roldán) y Gustavo Alles (capitán), en el banco Rodrigo Formento, Rodrigo Mieres, Danilo Asconeguy, Lucas Morales, Luciano Rodríguez y Jhonathan Ramis, la D.T. de Maximiliano Viera. El último triunfo del AURIRROJO ante Cerro Largo fue el 22/4/2017 en la B, se jugó en el PALADINO y el resultado fue de 2 a 0 con anotaciones de Nacho Lemmo de penal y Nicolás González. Con la D.T. de Marcelo Méndez el equipo formó con Carlos Techera, Danilo Asconeguy, Javier Méndez, Carlos Canobbio (capitán) y Mauricio Loffreda, Ignacio Lemmo, Diego Viera y Joaquín Gottesman (sust por Fabricio Santos), Nahuel Roldán (sust por Leandro Onetto), Nicolás González y Sergio Pérez (sust por Ignacio Aviles), en el banco Alberto Eiraldi, Pablo Pírez, Mario Leguizamón y Diego Blanco.

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #DEFENSORSP vs #PROGRESO | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #PROGRESO vs #WANDERERS | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

En 1946, año de la primera presencia de PROGRESO en la A, comenzaron los enfrentamientos con Wanderers por el Uruguayo A. Han sido 52, con 14 triunfos del GAUCHO, 11 empates y 27 derrotas, con 55 goles a favor y recibiendo 75, siendo los máximos anotadores Jacinto Cabrera y »Nacho» Lemmo en PROGRESO y Claudio Di Pascua en el »Bohemio», todos con 4 goles. En el PQUE ABRAHAM PALADINO se jugaron 23 encuentros, ganando el TEJANO 6 partidos, empatando 7 y triunfando Wanderers en 10 oportunidades. El partido con mejor diferencia de goles en favor del AURIRROJO fue el 12/6/1994 en el PALA con un 4 a 0, goles de Marcelo Suárez 2, Carim Adippe y William Castro. Con la D.T. de Saúl Rivero el equipo formó con Héctor Burguez, Hugo Baldenegro, Marcelo Espósito, Robert Púa y Oscar Silva, Edgardo Arias, Claudio Elías y Santiago Correa, William Castro, Julio Albino (sust por Carim Adippe) y Marcelo Suárez (sust por Fernando Rocha), en el banco Roberto Moreira, Claudio Rodríguez y Marcelo Ramos. También destacamos el 3 a 0 del 20/9/20 jugado en LA TEJA, con goles de Gustavo Alles 2 y Gonzalo Jara, la D.T. de Leonel Rocco y Pedro Gracia, en la cancha Nicola Pérez, Danilo Asconeguy (sust por Esteban González), Federico Platero, Rodrigo Mieres y Mauricio Loffreda (capitán), Joaquín Gottesman (sust por Gonzalo Andrada), Mathías Riquero y Gonzalo Jara, Facundo Peraza (sust por Maicol Rodríguez), Gustavo Alles y Nahuel Roldán (sust por Fabricio Fernández), en el banco Nahuel Suárez, Lucas Ferreira, Martín Marta, Rodrigo Vidal, Joel Lew y Federico Laens. El último partido jugado como locatario fue el 21/9/2025 con triunfo GAUCHO por 2 a 0, anotaciones ambas de Ignacio Lemmo, en la D.T. Leonel Rocco y el equipo formado por Nicolás Gentilio, Gianfranco Trasante (sust por Danilo Asconeguy), Marcos Paolini, Nicolás Olivera y Ayrton Cougo, Gonzalo Silva, Adrián Colombino (capitán) e Ignacio Lemmo (sust por Franco López), Pablo López (sust por Agustín Pinheiro), Matteo Copelotti (sust por Rodrigo Hernández) y Nicolás Fernández (sust por Hernán Carroso), en el banco Facundo Méndez, Facundo Kidd, Alejandro García, Matías De Los Santos y Facundo Sosa.

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #JUVENTUD vs #PROGRESO | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #PROGRESO vs #PEÑAROL | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

En 1946, con el primer ascenso a la A, comenzaron los enfrentamientos por el Uruguayo A entre PROGRESO y Peñarol, son 52 los jugados con 6 triunfos del GAUCHO, 13 empates y 33 derrotas.  42 fueron los goles anotados por el TEJANO con Jacinto Cabrera con 6, Mathías Riquero con 3, Johnny Miqueiro, Enrique »Quique» Casado y Floreal Córsico con 2 quienes más anotaron, mientras que en el Aurinegro convirtieron 95 siendo Fernando Morena, Alfredo »Fito» Barán, Ernesto »Pinocho» Vargas, Paulo »Paulinho» Álves y Fabián »Lolo» Estoyanoff con 3 los máximos anotadores. En el Estadio Centenario se jugaron 32 partidos ganando el GAUCHO 4, empatando 8 y perdiendo 20. El partido con mayor diferencia de goles a favor de PROGRESO fue el 11 de noviembre de 2007 jugado en el Centenario con un 3 a 0, convertidos por Maximiliano Lombardi, Jorge »Loco» Ramírez y Mathías Riquero, con la dirección técnica de Mario Saralegui el equipo formó con Santiago Morandi, Julio Ramírez, Sebastián «Patota» Morquio, Rodrigo Sanguinetti y Jonathan Píriz, Mathías Riquero, Luis Almada (capitán) y Danilo Asconeguy, Fabricio »Lochi» Cetraro (sust. por Álvaro »Pájaro» Alonso), Jorge Ramírez (sust. por Junior Aliberti) y Maximiliano Lombardi, en el banco Gonzalo Noguera, Javier Méndez, Heber Caro, Diego »Coco» Cardozo y Leonel »Talibán» Martínez. El primer partido ganado por el GAUCHO fue el 14 de mayo de 1983 jugado en el Centenario con un 2 a 1, con goles de Krikor Kasselian y Fernando Ferreira, y de Victor Hugo Diogo para Peñarol. El DT. fue Hugo Arturaola jugando Hugo Sinfuente en el arco, en la defensa Juan Pedro »Rabo» Rabino, Raúl Moller, Fredy Gómez y Julio Aníbal Rodríguez, en el medio Erardo »Canario» Cocaro, Elio Rodríguez y Osvaldo Streccia, adelante Alcides Edgardo Nieto (sust. por Miguel Ángel Zárate), Fernando Ferreira y Krikor Kasselian (sust. por Roberto Roo), en el banco Hugo Quevedo, Hebert Saravia y Nelson Berón.

#DATOSHISTORICOS 1ra División – #PROGRESO vs #LIVERPOOL | APERTURA 2026

por Daniel Carbajal

El blog del Hincha del Gaucho

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